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Cuando una figura pública, en un momento de extrema turbación social y desasosiego personal, sabiendo que lo que los demás esperan son apenas demostraciones de razonable pesadumbre acompañadas de un discurso «al uso», moderado y no confrontativo dice algo tan inhabitual como «They are us», nos está dando una enseñanza de humanidad de la que deberíamos extraer la mayor cantidad de aprendizajes posibles. Se trata de exprimir esas tres palabras (que no casualmente han sido dichas por una mujer) hasta que podamos aspirar a hacerlas nuestras, alguna vez.
Podríamos comenzar por diferenciar lo dicho por la Primera Ministra de Nueva Zelandia de expresiones similares, como la recordada «Todos somos Charlie» que recorrió el mundo en ocasión del atentado terrorista que terminó con la vida de 12 dibujantes y redactores del semanario satírico francés Charlie Hebdo.
En ese tipo de expresiones el sujeto es un nosotros que a su vez se totaliza. Nosotros somos todos, o deberíamos serlo.Y en esa construcción hay algo así como un «totalitarismo de buena fe» que abarca desde lo generosamente reivindicativo hasta lo torpemente autoritario.
Sería absurdo pretender negarle a este tipo de «construcción de sentido» valor y capacidad de expresar y promover empatía y solidaridad.
Y por otra parte vale tomar nota de que se trata de un recurso empleado por actores de todo tipo, de modo que han existido o existen infinidad de «todos somos» a lo largo y a lo ancho del espectro sociopolítico moderno… Todos somos Venezuela, Todos somos Ayotzinapa,  Todos somos Eva, We are all treaty people, We are all America, Nous sommes tous des juifs allemands, son sólo algunos de los «todos» que se han expresado de ese modo [*].
Se trata de una declaración que nos identifica con alguien que ha sido víctima de una situación que reprobamos, pero que, de alguna forma, está ya incluido/a en el nosotros. En forma tácita o en forma de paradoja.
Es la afirmación y la confirmación de una identidad preexistente o el hallazgo de una identidad novedosa y hasta ahora no expresada. Que puede pasar por encima de fronteras, que puede incluir diferencias culturales, étnicas, religiosas, de clase, o de género, pero que apela esencialmente a lo común y lo compartido.
El They are us de Jacinda Ardern, en cambio, es más que una mera reformulación del «todos somos».
Se trata de una inversión del sentido radical y sorpresiva en la que el sujeto de la frase ha dejado de ser el nosotros y es ahora el ellos.
Y en ese tránsito de un sujeto al otro (que es de alguna forma el tránsito del multiculturalismo a la interculturalidad) ya no se apela a una identidad preexistente o a una voluntad de identificarnos coyuntural y bondadosamente con el otro sino al des-cubrimiento y el re-conocimiento de una realidad hasta cierto punto inesperada: esos «otros» son ya nosotros.
Y no es sólo que ellos merezcan o necesiten nuestro apoyo frente a los delirios supremacistas y la estupidez masculina armada… Somos nosotros quienes necesitamos comulgar (en el sentido no-religioso del término) y convivir (vivir con) y apoyarnos en ellos para que el nuevo nosotros (que emerge porque los tiempos así lo quieren y la historia así lo determina) sea posible.

 

Las palabras de la Primera Ministra de Nueva Zelandia (y de ahí la importancia de que se trate de una mujer la emisora del mensaje) son el llamado a un cambio sustancial de paradigma y de posicionamiento. Y lo mismo se puede decir de su expresión facial en el momento captado por la fotografía que ilustra esta reflexión
Y ese llamado nos llega no desde una posición de poder, aunque ella detente uno no menor, sino desde un espacio que visibiliza y admite y desnuda la vulnerabilidad en la intemperie. La de ellos, es decir la suya, es decir la nuestra.

 

 

[*] Seguramente sea imposible rastrear en el tiempo y en el espacio el origen de las expresiones del tipo «Todos somos…» pero para quienes tenemos edad suficiente como para recordarlo, son inolvidables el «Nous sommes tous indésirables, Nous sommes tous des juifs allemands», la respuesta dada por los estudiantes franceses a los ataques contra Daniel Cohn-Bendit en 1968 y la posterior canción de Dominique Grange: Nous sommes tous des dissous en puissance.

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